
Lamentablemente hoy se conmemora el décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 de Nueva York y Washington. El World Trade Center más conocido como las Torres Gemelas y el Pentágono se vieron atacados por aviones comerciales pilotados por terroristas de Al Qaeda bajo la dirección del asesino terrorista Osama Bin Laden.
Todo el mundo - con cierto criterio civilizado en su cerebro - sufrió en directo la tragedia. Unos hechos que nos costaron evidenciar que la realidad, a veces y por desgracia, supera la ficción. En nuestra memoria y en la intimidad de nuestros corazones queda el desconsuelo con quiénes sin merecerlo perdieron la vida ese día tan fatídico. 2.973 personas a las que dedicamos nuestras plegarias, rendimos nuestros honores y mentenemos en nuestras oraciones. Nadie se merece lo que la sociedad americana en particular y la mundial en general recibió aquella mañana de un verano que acabó antes de lo normal por culpa de unos desgraciados asesinos.
Por suerte pude visitar Nueva York el año pasado y estuve en el Centro al Recuerdo del 11-S. Me pareció escalofriante ver parte de las vigas dobladas por el calor, cascos y uniformes de bomberos fallecidos mientras intentaban socorrer a la gente, los tres murales con las fotografías de los que perdieron la vida en la mayor de su inocencia, pero sobre todo, las fotografías y las imágenes de quiénes no aguantaron la situación de quemarse vivos y optaron por dejarse caer al vacío. No se me ocurre llegar a pensar qué se les pasó por la cabeza en aquéllos momentos y ojalá nunca lo consiga. Mi alma y mi corazón nunca estuvieron tan cerca del dolor y el sufrimiento hacia unas personas que vieron truncadas sus esperanzas, sus sueños, sus vidas.
Junto a este Centro de Culto, muy cerca de Wall Street se encuentra una iglesia dónde de manera espontánea las personas se congregaron para rezar y para hacer sin querer, un museo en honor a las víctimas. Allí encontré la "Bandera del Honor", hecha con los nombres de quienes murieron aquél día. Sin duda, la manera más patriótica de darle honor a unos héroes que bien por azar, bien por coraje, no merecieron jamás un final como éste.
10 años de recuerdos, de llantos, de oraciones, de cariño, de solidaridad, de empatía, de amor..., que no debemos olvidar y que nos tiene que hacer mejores como personas. El 11-9-01 todos fuimos un poco norteamericanos, hoy volvemos a serlo.
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