
Había una vez en la España litoral hortícola, una zorra que buscaba su alimento y su cobijo para sustistir de la mejor manera posible, sin embargo, un zorro depredador conocido por ella limitaba su existencia con vejaciones y escarnio haciéndole la vida insoportable. Ella huía constantemente del zaheridor, buscaba refugio entre otras zorras e incluso pedía auxilio a los guardianes del bosque pues le debían amparo y abrigo por sus obligaciones de servicio público. Nada cambiaba, seguía siendo una zorra para su zorro depredador. Un día claro en el bosque, la zorra vió el resplandor vital de un Olmo que le podía dar protección y se arrimó a él pidiéndole clemencia, le confirió su vida, su bienestar e incluso su alma, pero cuando menos se lo esperaba, el Olmo se desprendió de ella atizándole moralmente con una insólita rama podrida entre todas las sanas y le espetó: "No estoy yo aquí para justiciar tu devenir, zorra". El pueblo asombrado por el hecho atroz que le propinó el árbol fue al bosque y taló el Olmo, pero la zorra, siguió buscando protección. Moraleja: Al arbitrio del lector. No pongo la que pienso porque me meten en la cárcel.
La Audiencia Provincial de Murcia en una sentencia redactada por el juez Juan del Olmo, que por cierto, fue también instructor del 11-M - para mí la mayor tomadura de pelo judicial en la historia de España - revoca la condena de un año de cárcel a un hombre por un delito de amenazas al estimar que llamar "zorra" a una esposa no es un insulto pues no conlleva menosprecio.
La Audiencia Provincial de Murcia comenta que "incluso procede señalar que la expresión 'zorra' utilizada en el escrito del recurso, no se utilizó por el acusado en términos de menosprecio o insulto, sino como descripción de un animal que debe actuar con especial precaución, a fin de detectar riesgos contra él mismo".
El ínclito juez Juan del Olmo debió leer las dos primeras definiciones de la Real Academia Española de la Lengua a las que se le atribuye a la palabra "zorra" el hecho descrito en la sentencia que describe al animal en cuestión pero se le debió olvidar leer la descripción nº 4 en la que identifica el término "zorra" con una "prostituta".
Imagino que en su estimada vida no judicial, por suerte, nunca habrá sufrido en sus carnes la fábula anterior y ojalá que jamás tenga tal experiencia vital por el bien de la parte fememina protagonista del hecho, pero hay que tener muy poca calidad como persona para proceder de tal manera.
Que alguien ampare a la "zorra" pues el Olmo está podrido.
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