Me voy a permitir el lujo de hacer referencia al movimiento indignado tan patéticamente de moda desde el pasado 15 de mayo.
Al principio la idea de "los indignados" me parecía más o menos coherente, al menos no me molestaba demasiado pero con el paso del tiempo me he ido convirtiendo en un "indignado" de los "indignados". Este movimiento crítico con el sistema político y económico actual tenía una base cívica dentro del incivismo que suponía no poder casi ni andar por la Puerta del Sol pero con el paso de los días se ha ido apagando su llama coherente para dar paso a estupideces y situaciones no solo fuera de lugar sino que rozan la ilegalidad si es que no la traspasan.
Las ideas de cambiar el sistema politico de esta España, mi querida España, pueden resultar al menos objetivas sin entrar a valorar si necesarias o justas, el hecho de que desaparezcan las circunscripciones en las elecciones nacionales tiene sentido, que los salarios de los políticos sean realmente públicos también o incluso que existan listas abiertas para poder elegir realmente a quiénes queramos y no a quién nos imponen desde los partidos parece que son argumentos de una trazabilidad concreta y bien percibida por "el pueblo"; ahora bien, éstas se entremezclan con gilipolleces del estilo de que la mitad de la Puerta del Sol se destine a la creación de un huerto orgánico y ecológico (desde luego al cretino que se le ocurrió esta gilipollez habría que darle el premio limón (orgánico y ecológico) de los tontos).
El problema de los indignados es que han sido abducidos por los perro-flautas de mierda que invaden nuestra querida España. Estos golfos son los que se dedican a encabronar, los que no dan un palo al agua, los que piden por la calle en edad laboral para gastárselo en alcohol y otras sustancias, en definitiva, los que nunca están de acuerdo con nada salvo con ellos mismos y han conseguido que un movimiento cívico, entendible y moderado se convierta día sí y día también en molestas situaciones para los que creemos ya no sólo en nosotros mismos, es decir en todos, sino en la España en la que vivimos aunque no sea la mejor que hayamos vivido.
No soy defensor de Gallardón ni tampoco su detractor pero lo que esta gentuza hizo la pasada noche haciendo una cacerolada en la puerta de su casa, persiguiéndole e insultándole por la calle es realmente bochornoso e insultante para el demócrata llano como un servidor y para un alcalde que pese a ellos ha salido dignamente elegido en unas elecciones democráticas que no respetan porque no repetan nada. Simplemente son una panda de sinvergüenzas que no merecen más palabras. Ahora sí estoy indignado, pero de ellos.
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