Nunca he entendido como un drogadicto (en este momento creo que ex) y un tramposo puede ser héroe nacional de un país. La Argentina, como ellos la llaman, es un país de gente culta, de civilización avanzada, de carisma, de sentimiento musical y por supuesto futbolístico y aquí es dónde me alucinan.
Si hablas con un argentino sobre Gardel te contará mil historias relacionadas con tangos de sentimiento profundo y nostalgia en la penumbra, si le mencionas a Quino te dirá que plasmaba sobre el papel la filosofía cotidiana, irascible y ácida que bien ha representado la idiosincrasia de un pueblo, sobre el Ché, pese a que desarrollara toda su vida revolucionaria en Cuba, te comentarán que como buen argentino estaba predestinado a ser algo importante y así sucesivamente con Eva Perón, Borges, Fangio, etc. Todas estas aclaraciones sobre lo ejemplar del candelero criollo tienen una obviedad común; los argentinos están enamorados de sí mismos (muy loable, por cierto) y cualquier aclaración sobre la vida, obra y milagros de los suyos merece una novela aunque por mi parte, me contento con este artículo; pero lo que jamás podré entender es el sentimiento puro, honesto y sensible hacia la figura de Maradona; Diego y Dios al mismo tiempo.
Que Maradona fue un grandísimo jugador no lo niego, que hizo cosas casi imposibles en el fútbol también es verdad, pero todo lo que tuvo de buen jugador lo tuvo de tramposo y de mal ejemplo para el mundo, incluido el que le admira.
Hoy se celebran 25 años del golazo que le metió a Inglaterra en el Mundial de México'86. Todo son alabanzas y manifestaciones de admiración y en parte las comparto porque fue un auténtico golazo pero Maradona además de ser un genio ha sido un TRAMPOSO que debió ser sancionado cuando metió el gol con la mano y además ese gol nunca debió subir al marcador y que los argentinos relacionen una blasfemia con el contenido de este artículo es tan surrealista como su admiración por un héroe nacional de aspecto y verbo tosco, marrullero y pelotudo.
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