No hace mucho, nuestro querido Ministro de Interior Don José Blanco alardeaba del AVE ante sus homónimos norteamericanos y no es para menos. Tener la capacidad de atravesar media España en dos horas y media de manera cómoda y puntual es un lujo fuera del alcance de muchos, entre ellos, los todopoderosos americanos, y lo mejor de todo es que tenemos la oportunidad de venderles la tecnología pues quedaron encantados como no podía ser de otra manera. En breve, el AVE cumplirá 20 años pues se inauguró para celebrar la Expo de Sevilla en 1992. Ante esto sólo cabe felicitarse como nación y estar orgullosos de los miles de km de alta velocidad aunque aún quedan matices por mejorar.
En este preciso momento me encuentro escribiendo estas líneas desde la cafetería de la estación de AVE Camp de Tarragona. Sinceramente después de haber estado un tiempo en ella me pregunto para qué sirve esta estación, ¿qué había que darle cobertura a una ciudad histórica como Tarragona? Me parece bien, ¿qué posiblemente había que darle cobertura a algún político de turno que aspiraba a concentrar sentimientos encontrados con nacionalismos prehistóricos? Pues no seré yo quién juzgue lo contrario, también me parece bien; pero esta estación levantada con el esfuerzo de cientos de personas durante mucho tiempo con unas instalaciones e infraestructuras del siglo XXI se encuentra en medio del campo renacentista tarraconense fiel aliado del progreso arcaico de la agricultura de la hortaliza sencilla. Está en medio de la nada, más lejos de Tarragona que de Reus, con unas comunicaciones pésimas y sin una simple consigna donde dejar una maleta.
También he de destacar la maginífica comunicación entre Madrid y Valencia. Ahora los madrileños podrán decir que tienen la playa a sólo hora y media. La estación Joaquín Sorolla es moderna, céntrica y bonita pero por las prisas de la inauguración (tocaban elecciones pronto) a alguien se le olvidó organizar la recogida de los pasajeros en taxi. Existen dos salidas de la estación y no hay nadie ni nada que oriente de alguna manera a las personas necesitadas de este servicio. Coger un taxi en Joaquín Sorolla se hace como mínimo una misión casi imposible porque se accede a ellos por dos salidas. Es cierto que si fuéramos más cívicos y educados podríamos organizarnos mejor pero la realidad es que se montan unos buenos follones y aún no hay nadie que se haya dado cuenta. Les pido a la Sra. Barberá y/o al Sr. Camps que nos ayuden a bajar los niveles de irascibilidad ayudándonos con alguien que nos dirija hacia los taxis, que bien el AVE, lo vale.
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